“Yo solía ir con mi sombrero negro al estadio y un día me olvidé en casa y Jorge contrató un patrullero para que vaya a recoger la prenda a mi domicilio y llegué a tiempo al partido”, agregó Kerscher.
Otros aún no olvidan los entrenamientos vespertinos que tenía Habegger en Tembladerani y que se prolongaban hasta la noche o hasta que su equipo gane la práctica futbolística ante la reserva.
En prácticas, el equipo de Habegger no debía perder, si estaban empatando, “se inventaba un penal” y recién concluía la sesión.

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